119
Views
 

Hubo un día en que la posibilidad de imaginar un futuro diferente se agotó. A partir de ese momento la resignación y la apatía se volvieron el trasfondo de la vida de miles de personas.

¿Y por qué se agotaría la capacidad de imaginar? Sobre esto -y mucho más- habló Adam Curtis en su documental Hiper normalización, título que hace referencia a la manera en que los ciudadanos del bloque soviético percibieron la agonía de la URSS, oyendo discursos en los que no creían y acostumbrándose al malestar provocado por la falta de rumbo de sus dirigentes.

Hiper normalización sitúa como punto inicial de su relato el conflicto entre Siria, Israel y EEUU en los ‘70 y lo recorre hasta la década del 2010, pasando revista a los relatos y metarelatos -muchas veces contradictorios- sobre la situación y los personajes políticos que la protagonizaron. Sin decirlo de manera explícita, el film esboza la historia de la posverdad que hoy es moneda corriente. Dada la importancia que tiene el tema hoy en día (el documental es de 2016) quiero rescatar tres conceptos que me parecieron clave tanto en el guión del film como importantes para recordar sobre qué mundo estamos parados.

 

El arte de confundir ( o el de “hacerse el boludo” )

 

Cuando el conflicto escalaba debido a la masacre de refugiados palestinos provocada por una aparente negligencia de Israel, Henry Kissinger, enviado de EEUU, se sentó a negociar con el entonces presidente de Siria, Haféz Al-Assad y aplicó la estrategia conocida como ambigüedad constructiva, esto es, el uso deliberado de un lenguaje confuso y con ciertos vacíos, que se preste a interpretaciones diferentes para cada una de las partes involucradas en la negociación, de manera tal de que cada uno considere que el trato firmado es justo y conveniente para sí y pueda anunciar la victoria ante su población. Un ejemplo del uso de esta táctica política que puede sonarnos más cercano se dio en la discusión en la ONU por las supuestas armas químicas de Irak, luego de los atentados del 11 de septiembre en Nueva York: un bando (a que no saben cuál! ) pretendía haber obtenido el derecho de atacar escudándose en que la resolución “no impedía a ningún Estado defenderse de la amenaza de Irak” mientras que el otro proclamaba haber cumplido su objetivo de mantener bajo control a los EEUU sosteniendo que la misma resolución impedía un ataque a menos que efectivamente se encuentren armas de destrucción masiva.
Todos felices y el resto es historia conocida.
Parece un juego, y lo es.

Maquillaje

 

El segundo concepto que me parece importante extraer es uno al que estamos más acostumbrados, se trata del Perception Management. Esta forma de plantarse ante los medios, utilizada continuamente por agencias de marketing tiene su origen en el ejército de EEUU, más específicamente en sus Psyops (operaciones psicológicas) donde se la define de la siguiente manera: “acciones que brindan o niegan información de manera selectiva con el fin de influenciar las emociones, motivos y razonamiento objetivo de la audiencia” . Ejemplos de su uso se encuentran por doquier, como en la imagen de un producto y el branding asociado; en la percepción de que la famosa gaseosa sabor cola es sinónimo de familia y diversión, y que vale la pena pagar su elevado precio cuando solo se trata de agua con mucha azúcar; en el discurso de cualquier líder, orquestado desde las palabras hasta la posición en el escenario la vestimenta y la iluminación; en definitiva, es el trasfondo de nuestro hábitat. ¿Es algo nuevo? No, pero sí que funciona, siempre funciona.

 

Rasputín

 

Sé dueño de tu propio destino, realizarte como persona, como mago, como profesional, como artista, como lo que querés o siempre estuviste destinado a ser. Discurso que nos atraviesa sin importar qué tanta atención le ponemos. La promesa de libertad también está por ahí en alguna parte. Hay quienes trabajan de vender este discurso y lo hacen y lo practican con grandes personajes, acondicionando todo a su alrededor para que desplieguen su voz sobre la audiencia-objetivo. Tal es el caso de los asesores de imagen de figuras como Putin, cuya mano derecha era un hombre Vladislav Surkov, autodenominado tecnólogo político- que toma conceptos del teatro, el marketing y puede hacer que un mismo hecho y un mismo partido apoyen discursos diametralmente opuestos según su conveniencia, moviéndose entre las sombras de manera tal que no pueda verse su influencia hasta después de mucho años.

Tal vez asumimos que las cosas siempre fueron así, que siempre hubo maquiavelos, vivos y astutos utilizando a una mayoría. Nos parece evidente que lo que hoy percibimos es una sobreexposición de lo que han venido haciendo hace siglos; casi que no hay nada que discutir al respecto, sin embargo queda latente la pregunta: ¿No será que estamos tan condicionados que nos parece que siempre ha sido así, que siempre que asumimos que algo tiene una causa determinada estamos cometiendo un error dirigido? es decir, algo impuesto hace años, de una manera muy fina y sutil? Puede que el mayor logro no sea alterar la percepción de lo que ocurre sino la de lo que ocurrió, inventar una historia alternativa (que en su vertiente más estrafalaria sería el llamado Efecto Mandela) e incontrastable contra la cual no tenemos nada que oponer por falta de fuentes y datos. O peor, falta de ganas, puesto que si tal relato nos moviliza, de una manera u otra estaremos siendo serviciales al emisor de ese mensaje.-

 


¡Hola! Si llegaste hasta acá y te gusta lo que hacemos en Muta, medio independiente hecho en Argentina y Uruguay, siempre nos podés apoyar desde la plataforma de financiación Cafecito. Con un mínimo aporte nos ayudás no sólo con gastos corrientes, sino también con la alegría e importancia de saber que estás del otro lado.

Categorías:
Cultura

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *