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Glitches, sincretismo, ciencia ficción y genios malignos

 

 

Comenzando con un discurso del escritor Philip K. Dick y entrevistados vía webcam -debido a la cuarentena del 2020- que se ocultan tras avatares digitales y cuentan su particular visión del mundo, nos adentramos en A Glitch in the Matrix, documental de Rodney Ascher estrenado en febrero de 2021 en el que personas reales (o no) explican cómo es vivir siendo conscientes de que el mundo es una simulación y cómo llegaron a esa conclusión después de haber experimentado situaciones límite, sustentandose además en teorías bien recibidas por científicos de renombre y filósofos contemporáneos y antiguos que tienen buenas razones para dudar de si estamos o no en una realidad inventada más allá de las fake news y la paranoia. Una vez más, en Matrix no se inventó nada.

 

Fuente: IMDbFuente: IMDb

 

Un cierto genio maligno

 

Es que tras la sospechas que suscita el documental, las coincidencias inusuales que vivimos cada tanto, la probabilidad estadística de que la materia se organice de modo tal de que estemos acá haciendo lo que hacemos, la cueva de Platón y el solipsismo metafísico se encuentra el Argumento de la simulación de Bostrom, del cual quisiera hablar.

   Desarrollado en tres partes, este argumento elaborado por el filósofo Nick Bostrom se basa en la idea nada descabellada de que en un futuro no muy lejano una civilización como la nuestra pueda producir simulaciones complejas gracias al poder de sus computadoras – pensemos en el lapso temporal que separa el realismo de las simulaciones de hoy 2021 y la tecnología de hace treinta años, y a su vez esta con la de sesenta años atrás -. Por otra parte, se apoya también en la idea de que millones de esas simulaciones podrían producirse sin necesidad de un sustrato biológico como un cerebro.

A grandes rasgos, el argumento de la simulación nos dice que deberíamos aceptar al menos una de las siguientes tres proposiciones:

(1) La probabilidad de que una especie con nuestro nivel actual de desarrollo pueda evitar extinguirse antes de convertirse en tecnológicamente madura es insignificantemente pequeña.
(2) Casi ninguna civilización tecnológicamente madura está interesada en correr simulaciones de computadora de mentes como las nuestras
(3) Muy probablemente vivimos en una simulación.

Dadas las condiciones actuales de nuestra tecnología solo podemos apostar más o menos a que una de las tres opciones sea cierta y las consecuencias son todas interesantes. Si la posibilidad de que (1) sea cierta tiende a cero, entonces muy probablemente haya alguien capaz de correr simulaciones a gran escala. En caso de que tienda a 1 (o sea a que la proposición sea cierta) entonces tenemos muchas chances de extinguirnos antes de alcanzar un grado tecnológicamente avanzado como para simular mentes y mundos.

Asimismo, si (2) está cerca de ser falsa, muchas civilizaciones harían simulaciones y a su vez , cabe la posibilidad de que sus simulaciones produzcan otras propias – a modo de máquina virtual- y así casi hasta el infinito. En caso de ser casi cierta, deberíamos plantearnos: por qué a todos les parece poco interesante o bien una mala idea hacer millones de simulaciones, tal vez por cuestiones éticas, de recursos, etc ¿Quién sabe?

Finalmente, si (3) es falsa, bueno, deberíamos seguir con nuestra vida como siempre, pero bien recargada de realidad de la buena, esa que antes de este argumento no existía. Pero en caso de que (3) sea cierta, bueno, estamos jodidos y nunca lo sabremos porque tal como Descartes y su genio maligno o la Matrix que engañó tantos años a Neo, no podríamos darnos cuenta de que estamos realmente en una simulación, a menos que nuestros creadores nos lo digan.

Pero yendo más al fondo, tampoco podríamos demostrar que (3) es falsa por los mismos motivos .

¯\(ツ)

Volviendo a A Glitch in the Matrix, resulta emotivo e inquietante cómo los entrevistados se las apañan para llevar sus vidas. Por ejemplo, podemos ser testigos de criminal motivado por la certeza de que la tercera opción del argumento es la correcta, por lo que consideró a sus víctimas como lo que se conoce como “zombies filosóficos” (entes hipotéticos que se comportarían exactamente como humanos pero sin serlo) así como de personas que sienten que el hecho de que esta no sea la realidad última los une más con los otros humanos/sims que las rodean, y hasta planean realizar acciones organizadas con en todo el mundo para llamar la atención de los creadores/programadores -para que vean que acá nos dimos cuenta de todo- así como también el caso de quienes se asumen como parte del juego de un adolescente extraterrestre y buscan dar lo mejor de sí para ser un buen personaje para su jugador.

   Como en The Nightmare, donde trata el fenómeno de la parálisis del sueño, o en Room 237 en que se ocupa de los fans obsesivos y conspiranoicos de El resplandor de Kubrik, Rodney Ascher produjo una obra asentada en el testimonio más que en el archivo, más en la experiencia humana que en la veracidad de los hechos, primando lo subjetivo sobre lo objetivo y construyendo así su estilo dentro del género, aunque, según sus palabras en una entrevista reciente, su próximo trabajo será bien diferente a lo que hemos visto.

El rayo rosado que alcanzó a Philip Dick y lo llevó a unir ciencia ficción, religión y metafísica habrá previsto, seguramente, que estas tres cosas, disfrazadas de mito o de computadora, aún nos parezcan fascinantes y hasta intercambiables.

 


 

 

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Categorías:
Cultura

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