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Hace poco, se celebró el primer aniversario del lanzamiento del conocido chatbot de inteligencia artificial generativa, el ChatGPT, por parte de la empresa tecnológica OpenAI. Este evento marcó un hito importante para la innovadora tecnología. Creado por el director ejecutivo de la empresa, Sam Altman, el producto alcanzó un notable éxito, experimentando meses de crecimiento exponencial en el tráfico de su sitio web y en el número de visitantes únicos. Sin embargo, a mediados de este año, enfrentó su primera caída.

Según Tim Gorichanaz, profesor asistente de Ciencias de la Información en la Universidad de Drexel (EE.UU.), la influencia del ChatGPT en la sociedad está íntimamente ligada a la percepción y al uso que la gente hace de él, además de las características propias de la tecnología. Destaca que el diseño de la interfaz basada en conversaciones fue crucial para el éxito de la plataforma, superando a otros productos tecnológicos que ya empleaban algoritmos de inteligencia artificial. Gorichanaz enfatiza que la conversación, siendo una forma clave de deducción de las capacidades intelectuales, contribuye a que las personas perciban a estos sistemas como “inteligentes”.

A pesar de su éxito, ChatGPT ha generado preocupaciones sociales, abordando cuestiones como la desinformación, la propiedad intelectual y el fraude. Se han reportado casos de uso inadecuado, como el de la actriz española Berta Prieto, quien utilizó la herramienta para ganar una beca, y un juez brasileño que deberá explicar el uso del ChatGPT en una decisión judicial con errores.

El propio Altman reconoce que el ChatGPT puede generar respuestas extrañas o inventadas, refiriéndose al “problema de las alucinaciones”. Además, la herramienta presenta riesgos de generar diálogos racistas y perjudiciales, según pruebas realizadas por el Instituto Allen, en EE.UU.

 

 

La integración de sistemas de inteligencia artificial a la vida cotidiana ha llevado a cambios significativos en el mercado laboral. Goldman Sachs estima que dos tercios de las ocupaciones en el mercado laboral estadounidense estarán expuestas a algún grado de automatización, afectando a aproximadamente 300 millones de trabajadores a tiempo completo en las grandes economías. Esta transformación impactaría principalmente en profesiones administrativas y legales.

La preocupación por la pérdida de empleos ha llevado a debates sobre la regulación de la inteligencia artificial. Mientras que algunos como el presidente de Microsoft, Brad Smith, abogan por que la IA complemente los esfuerzos humanos, otros, como el historiador Yuval Noah Harari, temen las consecuencias psicológicas y políticas de considerar a millones de personas como “completamente inútiles”.

Gorichanaz destaca que el ChatGPT se presenta en el ámbito publicitario como la próxima gran novedad, pero al mismo tiempo se lo percibe como un riesgo existencial para la humanidad, señalando que estas dos perspectivas pueden ser exageradas para aprovechar las esperanzas y miedos de las personas. Subraya la importancia de regular la inteligencia artificial para evitar comportamientos criminales.

En septiembre pasado, líderes de la industria tecnológica de EE.UU. se reunieron con senadores para discutir la regulación de la IA. China también estableció normas para el control de servicios de inteligencia artificial generativa. Gorichanaz sugiere que el próximo año podría haber una desaceleración en el sector de la IA generativa debido a prohibiciones, restricciones técnicas y limitaciones de infraestructura.

Altman confirma que OpenAI está trabajando en el ChatGPT-5 con enfoque en generar un diálogo conversacional más similar al humano. Aunque no proporciona un cronograma, destaca que el entrenamiento del modelo requerirá información de bases de datos públicas y privadas.

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