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El 4 de junio “Austin Li” Jiaqi, famoso influencer y streamer chino conocido como “El Rey del lápiz labial” y emprendedor de cosmética, cortó su transmisión de manera súbita en su cuenta oficial. Más tarde ese día publicó un post en Weibo (la versión china de Twitter) explicando que había sido por causas técnicas, luego su cuenta fue abandonada en forma permanente y los buscadores ya no arrojaban resultados cuando se buscaba su nombre.

Las redes no tardaron en entrar en pánico y sus seguidores denunciaron censura, bombardearon la cuenta con mensajes y alertaron sobre su desaparición. Lo cierto es que unas horas antes el influencer, que se dedica a la venta de productos de belleza en transmisiones maratonianas -obtuvo un Récord Guiness por la mayor cantidad de aplicaciones labiales en 30 segundos- presentó en su streaming, junto a una host un postre helado de vainilla decorado con chocolate que algunos dirían que tenía forma de tanque y hacía alusión a la masacre de Tiananmen.

El problema es que en China el 4 de junio es el aniversario de las protestas y la masacre de la plaza de Tiananmen de 1989, un hecho que el gobierno se esfuerza por borrar de la memoria colectiva y sobre el que nunca ha dado explicaciones ni ha reconocido como una masacre.

¿Será que este influencer, representante de L’oréal, quiso enviar un mensaje de reclamo a sus seguidores o será un serie de hechos asociados al azar? Después de todo China es el segundo mercado de cosmética más grande del mundo.

 

La nueva muralla china: el sistema de censura de Internet

Conocido como Golden Shield Project, este sistema de vigilancia y control desarrollado y operado por el Ministerio de Seguridad Pública desde el 2000 tiene como objetivo eliminar las críticas y evitar el acceso a información que el gobierno juzga como perjudicial para la paz y armonía del país. Esto incluye una lista de palabras y temas prohibidos, y en general noticias del mundo exterior que puedan corromper la mente de los ciudadanos locales. La censura comenzó a ser más restrictiva desde que Xi Jinping asumió el poder en 2012 y la idea parece haber sido copiada en menor medida por otros países como Cuba.

Hace unas semanas el gobierno habló sobre las nuevas políticas de uso de internet: aquellos influencers o creadores de contenido que deseen brindar consejos sobre salud, finanzas, derecho y educación deberán presentar una certificación o acreditar conocimiento sobre el tema. A su vez deberán también exaltar los valores socialistas y de ningún modo hablar en forma contraria al gobierno.

Las modificaciones presentadas no consisten en leyes sino en un código de normas que incluye una lista de 31 comportamientos no permitidos. Entre otras cosas, no deberán presumir públicamente sus ingresos financieros, promover juegos de azar, violencia o el uso de drogas, el desperdicio de alimentos o la emisión de contenido sugerente o provocativo.

Si bien violar esas normas no implica una violación de la ley, en muchos casos una sanción de la plataforma conlleva la posibilidad de que desaparezca el contenido, como le sucedió a VIYA, la reina del streaming que recibió una multa por US $210 millones por evasión fiscal y terminó expulsada de las redes. Según estimaciones de la consultora KPMG, el mercado de transmisión en vivo del país se valoró en aproximadamente 1 billón de yuanes (156,000 millones de dólares) en 2020.

 

ViyaFuente Google

El aparato represivo chino lleva décadas persiguiendo personajes como Xu Zhiyong, activista detenido dos veces, la primera entre 2013 y 2017 y actualmente desde 2020 -torturas mediante- por incitación a la subversión, un crimen penado con 15 años de prisión o a Liu Xianbin, condenado a 11 años de prisión acusado de incitar a la subversión durante la llamada “Revolución del Jazmín”. Esta actitud se traslada finalmente a la sociedad misma, como sucedió con un grupo de docentes universitarias denunciadas por alumnos por desviarse del material de estudio obligatorio e introducir valores occidentales en la currícula.

 

De este lado

Los métodos de control de Occidente son algo más sutiles. Varios países democráticos y liberales monitorean las actividades en línea de sus internautas y algunos implementan censura temporaria durante protestas o durante algún disturbio social.

La guerra en Ucrania y la crisis mundial que se desató revivieron el control sobre lo que se puede ver y lo que no en Europa y EEUU, que vienen interviniendo de una manera más sutil a través del shadowban de ciertos contenidos y temáticas en las redes sociales. Las imágenes de protestas en Irán censuradas por Instagram por segunda vez en marzo de este año, o la censura a usuarios que publicaron contenidos sobre los ataques en la Mezquita de Al-Aqsa son algunos ejemplos de que detrás de la preocupación por la libertades civiles en Oriente se esconde una gran hipocresía.

Respecto a este tema, recientemente el escritor Noam Chomsky dijo: “A estas alturas, la censura en los Estados Unidos ha alcanzado un nivel tal que supera cualquier cosa en mi vida. Tal nivel que no se le permite leer la posición rusa. Literalmente. A los estadounidenses no se les permite saber lo que dicen los rusos. Excepto cosas seleccionadas. Entonces, si Putin les da un discurso a los rusos con todo tipo de afirmaciones extravagantes sobre Pedro el Grande y así sucesivamente, entonces, lo ves en las primeras planas. Si los rusos hacen una oferta para una negociación, no puedes encontrarla. Eso está suprimido. No puedes saber lo que están diciendo. Nunca he visto un nivel de censura como este”.


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Cyberpunk

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