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La Colombia rural, periférica, campesina, indígena, afro; el país olvidado renace en lucha histórica.

El domingo será un día que la colombianidad recordará por ser el momento clave del hundimiento de la política fascista, de la economía concentrada, de los odios y el extractivismo monstruoso que mata la tierra.

El candidato de un pacto histórico de los olvidados y olvidadas ganó las elecciones presidenciales y, aunque la ultraderecha sigue viva, once millones de votantes dijeron basta y tomaron otro camino. Gustavo Petro, ex guerrillero, ex alcalde de Bogotá y senador junto a su fórmula vicepresidencial, Francia Márquez, negra, defensora de los Derechos Humanos y de la tierra, se quedó con el espacio del poder ejecutivo.

Y es que después de 204 años de expolio y violencia exacerbada, una campaña basada en darle voz a quienes jamás la han tenido se encargó de sepultar el proyecto político del expresidente imputado Álvaro Uribe Vélez.

Desde el 7 de agosto, día en que asumirán, se harán visibles las propuestas para hacer de Colombia un país potencia mundial de la vida, de los derechos, de la inclusión y el diálogo; propuestas para transitar de un modelo extractivista del petróleo y el carbón hacia uno de respeto por la tierra, con energías limpias, potenciando la producción como herramienta para frentear el cambio climático, diciéndole NO al fracking y abriéndose a la economía verde.

Además, la tan anhelada reforma agraria (parte esencial del conflicto armado que lleva más de 70 años) que busca disminuir la desigualdad de la propiedad rural y la concentración de la tierra. También buscarán desincentivar el latifundio de la improductividad subiendo impuestos a la tierra que no produce -52% de la tierra está en manos del 1.5%- ; la gran deuda histórica con el pueblo campesino.

También un nuevo sistema pensional, uno que realmente pague por los años de trabajo de la gente, no que juegue con su dinero en las bolsas del mundo para enriquecer a unos cuantos dueños como lo hace hoy, con la gran mayoría de los y las pensionadas que apenas pueden comer y subsistir. Con todo y ello, no será la estatización que tanto miedo produce a la economía concentrada y al poder banquero, será simplemente un cambio que beneficiará a quienes laburaron toda su vida.

Petro y Francia proponen, entre otros cambios, el de la educación, para que sea un derecho y no un negocio. Una educación gratuita, universal y de calidad desde el nivel 0 al superior y así evitar que los y las jóvenes se deban exiliar por la educación regida por el mercado y la desigualdad.

Todas las propuestas nombradas, y muchas más del proyecto político – que jamás ha sido ni será socialismo, mas sí una transición a otro vivir- han sido duramente cuestionadas por quienes siempre han tenido el poder del Estado mientras la gente moría de hambre.

Serán cuatro años de cambio y resistencia. Se acerca lo más duro, que no es elegirse, sino gobernar. Así, se va recomponiendo el mapa de Nuestra América y de los pueblos organizados.

Año inolvidable para el país.

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Lo Político

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