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El 8M es de dignidad, rebeldía, coraje, organización, unidad y acción.

Y es que las mujeres todxs ahí van, tejiendo desde la dignidad histórica que no por parecer sobrevivencia ha dejado de ser vivida.

 

Cuerpos gestantes, travestis, trans, con pene o sin él, las calles se tornarán verdes de lucha, grito y canto, consigna y respuesta ante un pacto social canalla, arbitrario, violento, egoísta y patriarcal que no va más, que no matará más. Esa vieja herramienta del neoliberalismo autodestructivo por propia furia caduca en las calles bajo el organizado brazo de ellxs y de todes los pueblos cansados de un “avance” monopolizado, estigmatizante, violento y asesino.

Con la fuerza de lxs asesinadxs día a día en el mundo y particularmente en Nuestraamérica; con la fuerza de Berta Cáceres que defendiendo los ríos y el territorio fue obstáculo de ese modelo económico arrasador en Honduras. La de Rosa

Elvira Cely y Yuliana Samboní que en Colombia generó esa indignación hipócrita que el fútbol apaga y una elevación de penas que pasa por el lado del patriarcado. Esa fuerza de Ana Viveros allá en Mulchén, en la hermana Chile; ella había denunciado al macho femicida, ella había sido ignorada…ella fue asesinadx por un sistema, una estructura odiosa: el patriarcado.

La dignidad y resistencia de ella en Puebla, en el México hermano, que en febrero fue también víctima de la mano asesina del macho protegido, no importa que para los medios y su nula perspectiva de género Ximena Quijano pasara desapercibida y contada como una historia más. No olvido con fútbol que Jairo David es el macho asesino de Nayeli Herrera en Quito, Ecuador; tampoco olvido y me indigno con los medios cómplices, los Estados nulos, la justicia y la educación sin perspectiva de género y lxs que se tapan los ojos ante aquel patriarcado asesino, hijo del neoliberal despojo que con doble moral objeta el derecho a abortar legalmente, convierte a la mujer en trofeo de guerras sangrientas y marca con el dedo acusador como objetivo de su odio a los cuerpos diversamente disidentes; esos abyectos de un pútrido sistema.

No olvido y declaro mi derecho a odiar a los transfeminicidas, porque recuerdo a Roberta, asesinadx a puñaladas en La Plata, Argentina. En mi memoria presente está Anyela Ramos Claro, asesinada en Colombia; mi amor para Brigitte, asesinada en Caracas, Venezuela, aunque fuese hombre para los medios de in-comunicación y su complicidad con el “varón” que el sistema y sus instituciones nos enseñaron debíamos ser; el macho que no llora y no expresa dolor…el macho que mata.

Marchan y las acompañamos para decirles a los Estados que ahí están defendiendo sus derechos, que no puede haber más golpes, más muertes, que el patriarcado se va a caer, ¡SE VA A CAER! Cada vez más, vida, no sobrevivencia.
Que como en 1908 en Nueva York permanecerán en pie de lucha, ya no 129 mujeres, millones. Que no es ya un papel firmado en la ONU y palabras al viento por “empoderamiento y paridad de género”, es la toma de las calles, las instituciones; es el destrozo del patriarcado y su papá, el neoliberalismo femicida.

 


 

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