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Spotify alcanzó las 100.000 canciones subidas por día

En un artículo anterior tratábamos sobre la nueva problemática que significa para las grandes compañías discográficas que decenas de miles de canciones sean subidas por día a las plataformas de escucha online. Hicimos hincapié en que el año pasado un promedio de 60 mil tracks diarios eran publicados principalmente en Spotify, sabiendo que prontamente esta cifra sería superada.

A poco de finalizar este 2022 ya estamos en condiciones de afirmar que la barrera de los 100 mil tracks por día fue alcanzada y superada, lo que enciende las alarmas de las plataformas de streaming y del oligopolio Universal Music Group (UMG) – Sony Music – Warner Music Group.

Más de 100 millones de canciones habitan ahora en Apple Music, Spotify y Amazon. A raíz de esto, uno de los interrogantes formulados por estas corporaciones es: ¿es sustentable esta colosal cantidad de material?.
Por lo pronto, ya hay declaraciones al respecto, como las vertidas por Lucian Grainge, el CEO de UMG. Como voz cantante y sonante frente a esta problemática, y seguramente con el acuerdo de sus colegas oligopólicos, su preocupación radica en la “baja calidad del contenido sugerido por un algoritmo”.
“Cuando las plataformas de música ingieren más de cien mil tracks por día, el resultado neto de esto es una experiencia confusa para todos, consumidores, y más”, expresó Greinge en una conferencia en Singapur, llevada a cabo por Music Matters, una entidad que representa a la industria de la música en el Pacífico asiático.

En defensa de su posición en el mercado, Greinge explicó que lo que motiva el consumo y el acercamiento de las personas hacia las plataformas son los grandes artistas que representan. “Hemos amplificado datos que muestran exactamente por qué los consumidores se suscriben a estos servicios, y es para escuchar buena música. Nosotros ofrecemos superestrellas, catálogos clásicos, y artistas de carrera más que nadie. Mientras, continuamos invirtiendo en el futuro”, en referencia a nuevos artistas emergentes.

Con estas palabras abre paso a un posible “control de calidad” sobre el material que las compañías podrían exigir a las plataformas como requisito de figuración en las mismas. “Es nuestra música, son nuestros artistas, es nuestro producto el que hace funcionar esto”, aseveró.

Si bien la influencia de los artistas de mayor renombre mundial en la subscripción (paga o no) de un servicio de streaming es indudable, lo que es también innegable es que mucho de lo que se sube a las plataformas es contenido —y no música— pero también lo que subjetivamente no consideran “buena música”, o como lo ha calificado Sony: descartes.

Este océano de música impacta también en los costos de los servicios. Hablando de Spotify, de acuerdo al “uso de servicios de computación en la nube y tarifas de licencias adicionales” que hacen a su funcionamiento, hasta el año pasado la cifra había ascendido a los 88 millones de euros —una suba importante teniendo en cuenta su primer reporte anual en 2018 cuya cifra rondaba los 15 millones de euros, cuando en la primera mitad de aquel año se había informado que aproximadamente 20 mil tracks eran subidos diariamente.

De todo esto se desprenden interrogantes con algunas respuestas previsibles:

 

“No son artistas en el sentido en el que tradicionalmente pensamos un artista. Son hobbistas jugando básicamente para una casa vacía”, sentenció Nash haciendo alusión al material que, dado el enorme caudal de contenido, no consigue una audiencia sustantiva ni alcanza una mínima. Ahondando en este asunto, Nash explicó: “Poniéndolo en datos duros, significa que el 90% de estas personas que suben material a la escucha digital interactúan con menos de una millonésima parte de la plataforma”.

Por supuesto que esta es una visión corporativa sobre la actualidad del paradigma de consumo de música. El asunto quizás radique, además, en que aquel anónimo con la capacidad de subir su arte o contenido únicamente a Soundcloud como era en el pasado, ahora puede hacerlo sin restricciones a Spotify. Esto, por supuesto, molesta a las grandes corporaciones que ven diluida su capacidad de incidencia en cuanto a las decisiones a tomar teniendo de ases a artistas de gran envergadura comercial, y por sobre todo sus ganancias. El objetivo, finalmente, es no perder la predominancia dentro del mercado que manejan.

 


 

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Categorías:
Música

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